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Las Crónicas del Viajero V - Las 7 Leyes Nostradámicas

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La mayoría de ustedes, desde que acercaron sus miradas por vez primera a la obra Nostradámica, han sentido la enorme oscuridad que hay al leer cada una de sus cuartetas. Y eso es comprensible. Dado que casi ninguna, por sí sola, nos deja la sensación de haberla comprendido cabalmente. Y más oscuridad todavía nos envuelve, cuando al intentar conocer sus misterios nos topamos con libros, documentales, artículos, websites etc., que nos “regalan” una exigua explicación, sea histórica o futurística, usualmente sin respaldo alguno, sin argumentos convincentes ni menos envolviendo ese “regalo” en un acabado análisis de lo que se intenta explicar. En definitiva, sumamos y sumamos más oscuridad.

Todos intentan explicar, pero nadie convence y todos intentan convencer, pero nadie explica. Vivimos una sociedad de paradigmas aterradores. Ya no sabemos quien conspira ni quien dice la verdad. La capacidad de asombro está tan groseramente golpeada que no sabemos distinguir lo cierto de lo falso. Fácil presa para el consumismo mundial que se alimenta cada día más. También es cierto que no es fácil acceder al maestro dado la lengua que utiliza, me refiero al occitano o al provenzal.

Muchos creen que la lengua con la cual fueron escritas las centurias es un obstáculo infranqueable o sus ocultamientos deliberados. Sin embargo, tales creencias sólo pertenecen al mundo de los mitos. Cada palabra, cada concepto tiene un origen. Ninguna palabra nace de la nada. Ninguna palabra nace sin un origen, aunque el rastro etimológico sea posteriormente parte de una infinita controversia. Otros escepticos plantearán,  en torno a la obra Nostradámica, que las versiones de las ediciones porteriores a los originales plasman discordancias en muchos conceptos que hacen más compleja su correcta interpretación. Sin embargo, dichas discordancias no son hegémonicas dentro de una cuarteta. Mínimamente se plantean en un concepto o en dos. Lo cual descifrando el contexto correcto, se dilucidan de manera correcta esas discrepancias conceptuales.

Hay también exegetas que por generaciones familiares incluso se han dedicado a la labor de desciframiento. Sin embargo, no han podido con tamaña labor.

Para entender y leer correctamente a Nostradamus debemos desprendernos o anular 3 elementos que entorpecen y ciegan:

1) La sobreexpuesta visión futurística: Es común observar en todos los exégetas del maestro, que al no tener una capacidad histórica minuciosa, interpreten y conjeturen las cuartetas como eventos futuros o que simplemente no se han cumplido.

2) La exagerada capacidad de asombro en el mercado global: El mundo está sediento de misterios sin resolver, de acertijos y de eventos cataclísmicos. Eso vende. El plantear las cuartetas como augurios, como pronósticos futuros, como profecías dentro del mercado mundial, y sumándole un entorno apocalíptico, permite vender y obtener ganancias suculentas. ¿Cuántos exegetas se han aventurado a anticipar eventos a partir de las cuartetas del maestro? Jean-Charles de Fontbrune, Jean- Charles Pichón, Iveline, Pelletier, Edouard, Ruir, Ward, Lamont, Stivenne, Maistre, Castellani sólo por nombrar algunos. Sin embargo siempre se han equivocado.

3) Buscar lo que no hay: Se buscan con avidez abecedarios extraños, alfabetos ocultos, míticos códigos, numerología, conjunciones planetarias, símbolos, anagramas y cuanta parafernalia propia de las ciencias ocultas. Se hallan libros perdidos con dibujos y se le atribuyen al maestro y tantas otras barbaries que he podido recopilar.

Una vez que nos desprendamos de esos tres elementos por así decirlo, podremos acceder de manera más limpia a la lectura del maestro:

Ya que Nostradamus al escribir sus Centurias lo hace estructuradamente. Y cuando digo estructuradamente, no me refiero a que usa la cuarteta o la sextilla o el verso octosílabo. Me refiero a que escribe siguiendo patrones absolutos y respetándolos siempre.

Pero, ¿qué son esos patrones absolutos, se preguntarán?

Esos patrones yo les llamo “leyes nostradámicas” que a lo largo de su obra, mantienen o conservan un único sentido y un único significado y que, en definitiva, permiten a Nostradamus la única manera posible de que sus cuartetas sobrepasen las épocas y las sociedades. Y quien no las considere como base estructural está destinado a abordar la obra del maestro, de manera oscura, llena de dudas y acertijos. Y de ahí a construir una interpretación antojadiza como las que leemos en cualquier libro actual o antiguo que ustedes consideren. De ahí a considerar el uso anagramas, o simbolismos por ejemplo, sería lo más burdo y estúpido que podriamos conjeturar o interpretar en algún determinado concepto.

Sin esas leyes o patrones absolutos su obra se desmoronaría sea por su ambigüedad interpretativa o sea por la ignorancia de su propia construcción.

Ambigüedad interpretativa, porque no tendría una "desnudez única" y la capacidad de asombro o imaginería de los exégetas o de cualquiera, harían un festín asombrosamente más oscuro de lo que ya percibimos de su obra. Es cosa que aborden y examinen todos los libros de los exégetas de los últimos 150 años.

E Ignorancia en su propia construcción, por cuanto Nostradamus se asumiría como desconocedor de esas mismas ignorancias intencionalidades burdas y oscuras que provienen de los "bárbaros e ineptos", como él mismo los denomina en su cuarteta VI-100, a través de las épocas y de las culturas.

Por ello el maestro es sabio y se da el gusto, pese a manejar las mismas artes esotéricas, de establecer una clara advertencia al final de la Centuria VI:

Legis cantio contra ineptos criticos. Quid legent hosce versu, matere censunto. Profanum vulgus et inscium ne attrectato. Omnesque astrolgi, blenni, barbari, procul suntu, Qui aliter facit, is rite, sacer esto.

“Que aquellos que lean estos versos los pesen con madura reflexión. Que el vulgar, el ignorante y el profano, se aparten. Que todos los astrólogos, lo imbéciles y los bárbaros, se alejen. Maldito sea de acuerdo con el rito, aquel que actúe de otra manera”.

Con esta advertencia justamente aleja la ambigüedad interpretativa y la ignorancia en su propia construcción. Nostradamus es consciente de ambas. Por ello, además de esta advertencia, le es necesario establecer una manera única de construcción de su obra. Una manera que permite que su obra permanezca saludable frente a los vulgares, ignorantes, profanos, imbéciles, astrólogos y bárbaros.

Podrán editar libros, hacer fastuosos documentales, promover incluso fechas o hechos apocalípticos, pero al final la obra del maestro permanecerá siempre oscura. Y quizás hasta sea intencional la forma de cómo se le ha abordado por tantas épocas y tantas culturas.

Y una de las mayores estupideces es intentar abordar la obra del maestro en búsqueda de fechas o de hechos con el objetivo de anticiparse. Objetivo muy antiguo, por lo demás, el intentar conocer el futuro, sin embargo sepamos de manera objetiva que Nostradamus no escribió su obra con ese propósito. Si lo hubiera hecho habría colocado fechas, nombres claros comprensibles e incluso hora de su ocurrencia. ¡Basta ya de tanto engaño y de ser engañados! Leamos al maestro con "madura reflexión". Y esa madurez es precisa, exacta y sin ambigüedades.

Pero independiente de los reales propósitos que tuviera el maestro, materia de otro análisis, sepamos que esas leyes o patrones absolutos una vez descubiertos permiten abordar adecuadamente la lectura de cada cuarteta. Obviamente, no sin antes poseer un adecuado y minucioso manejo histórico de las épocas y culturas.Y de las leyes, que rigen las palabras: Etimología - Semántica y la Sintaxis.

Estos patrones como ya señalé permiten leer su obra correctamente, entenderla y comprenderla. Pero ¿Cuáles son esas leyes o patrones absolutos?

La primera Ley es: “Nostradamus NO utiliza Anagramas”

No los utiliza porque son recursos ambiguos. De una palabra se pueden extraer un sinnúmero de ellas. Una palabra de 3 letras permite 6 significaciones anagramáticas. Y por cada letra el alcance anagramático aumenta exponencialmente. Estas significaciones permiten la ambigüedad. ¿Cómo entonces, se hubiera permitido incluir anagramas, el maestro, si lo que desea es un único sentido y una única significancia (Carta a Enrique II)?

Más que claro. Así es que todos aquellos que hablen de anagramas son los mismos a los que Nostradamus les advierte (“Que el vulgar, el ignorante y el profano, se aparten. Que todos los astrólogos, lo imbéciles y los bárbaros, se alejen.”). Cada palabra tiene una razón de ser incluso si es antigua o no. Nada está al azar. Lo demás son estupideces de quienes al no saber una significación, simplemente lo asocian a un anagrama. Y problema resuelto.

Sepamos que Nostradamus elige sus palabras con una minuciosidad casi aterradora. Cada palabra contiene una etimología inobjetable más allá del uso que le otorguen en épocas distintas.

Un ejemplo de ello sería la palabra “Automóvil” que la entendemos como un vehículo, un carro. Sin embargo, etimológicamente no corresponde aplicarlo a un vehículo y a un carro. Los seres vivos, incluidos los seres humanos, podríamos definirnos como AUTOMOVILES, porque en el fondo hablamos de “moverse a sí mismo”. Y los vehículos o carros no se mueven por sí solos. Los seres vivos, sí.

La segunda ley es: “Nostradamus NO utiliza Simbolismos”

Otra de las grandes falacias que desde que se publicaron las Centurias han sido plasmadas en todos los estudios de su obra, dice relación de que Nostradamus utiliza símbolos.

La palabra símbolo para que todos comprendamos, viene del latín symbolum y este del griego symbolon, que se traduce como signo, contraseña. Entonces, al hablar de símbolos hablamos de signos o pequeñas contraseñas que ocultan un significado concreto aparentemente.

El símbolo es la forma de exteriorizar un pensamiento o idea, incluso abstracta, así como el signo o medio de expresión al que se atribuye un significado convencional y en cuya génesis se encuentra la semejanza, real o imaginada, con lo significado.

Pero, el mayor problema que presenta el símbolo es justamente que no existe una convención universal objetiva en cuanto a su representación como lo serían los números o las letras de un abecedario de cualquier idioma, que también son símbolos, pero que tienen la salvedad de ser universales y objetivos. En términos muy concretos, los símbolos (salvo letras y números y algunas identificaciones convencionales transversales a las épocas) son abstracciones a los que se le atribuye determinado significado, sin embargo, permiten una amplitud de convenciones o de interpretaciones.

En el caso particular de la obra Nostradámica no existen tales elementos que todos llaman símbolos. Esto se debe a que Nostradamus sabe que si los utiliza podría permitir el uso y abuso de innumerables interpretaciones o convenciones. Así por ejemplo el concepto “águila” podría representar los blasones o escudos de muchas potencias mundiales, como Estados Unidos o la Alemania nazi. O el concepto Leopardo, Jabalí, León, Luna, Sol, etc. Y esto conllevaría para Nostradamus a sumar otro problema y Nostradamus no es estúpido.

Por ello, Nostradamus señala en su carta a Enrique II que “sólo existe un sentido y una significación.” El uso de símbolos así como de anagramas permitiría justamente lo contrario. Varios sentidos y varias significaciones. Dependiendo incluso de los aprehensiones y cosmovisiones del exegeta de turno.

Por ejemplo el concepto “Luna” más allá que lo asociemos al Islam, es una identificación del Imperio Otomano que tiene su origen en la caída de Constantinopla. Y también refiere al planeta regente del signo Cáncer. Cualquier otra significación no es válida. Ni siquiera Nostradamus lo asocia al Islam como casi todos los exégetas lo han plasmado en sus libros.

La tercera ley es: “Nostradamus utiliza la astrología, pero sólo regencias y períodos zodiacales”

El mundo de la astrología y del mundo esotérico es tan amplio y subjetivo como estrellas hay en el universo. Cada astrólogo tiene sus propias percepciones, aprehensiones e intuiciones, desde el uso de bolas de cristal, runas, tarot, naipes, agua, etc. Una serie de artilugios que sumados a mapas astrales tan disímiles unos de otros, alineaciones, conjunciones etc, harían quedar a la NASA como pequeños aprendices del espacio. Nostradamus sabe que lo único universal, objetivo y convenido dentro de esas ciencias ocultas son las regencias y los períodos zodiacales.

E incluso ni siquiera se asoma a establecer caracteres o conductas de nativos de algún signo en particular, porque también es un conocimiento que depende del que hace el horóscopo. Y muy a pesar suyo, ya que Nostradamus se dedicaba a construir esos horóscopos sobre todo para la corte de Enrique II, entre otras actividades. Y curioso que les advierta también a los astrólogos en su canto de la Cuarteta C de la VI Centuria.

Nostradamus sabe que los períodos zodiacales se mantendrán en el tiempo, sus fechas, periodos y las regencias de esos respectivos signos. Entonces, cuando habla de Marte no habla del Dios Marte o que habrá guerra, eso es ambiguo refiere simplemente a dos signos que son regidos por “Marte”: Aries y Escorpión.

Y con ello especifica quizás un período de gobierno, un nacimiento, una muerte, un evento histórico. Y le permite de manera cierta, encubrir inteligentemente y, por sobre todo, le entrega una mayor capacidad conceptual al verso.

Por ejemplo, ¿de qué manera asociaríamos a Hitler con la guerra? Simple. Con el Dios Marte dirían algunos, pero ese seria el sentido aparente y para muchos no quedaría claro, demasiado ambiguo. Y cuando digo “ambiguo” me refiero que dicha significación queda a merced del juicio de quien lee.

El sentido real es que Marte como ya dije es regente de Aries y Escorpión. Y Aries va desde el 21/03 al 20/04 y Hitler nació un 20 de abril de 1889. Entonces, Hitler es Aries cuyo regente es Marte, el Dios de la guerra. Ahí tenemos lo que siempre andábamos buscando a través de los tiempos: La exactitud de sus versos. (“Que aquellos que lean estos versos los pesen con madura reflexión.”).

Otra cosa que me ha llamado poderosamente la atención es el uso casi irrisorio de alineaciones planetarias, conjunciones, aproximaciones de meteoritos, eventos celestes, etc. Todo un bagaje cultural de astronomía basados únicamente porque a Nostradamus se le ocurrió escribir “Venus, Luna, Sol, Júpiter” por ejemplo o cualquier otra combinación planetaria. No sabiendo que también esos conceptos se explican bajo la misma regla: “Nostradamus utiliza la astrología y astronomía sólo como regencias y Períodos zodiacales”.

Muchos documentales de televisión que he observado mantienen esa visión torpe. Y contribuyen al aumento de la ignorancia de los bárbaros.

La cuarta ley es: “Nostradamus utiliza las puntuaciones”

Siempre han estado ahí los puntos, las comas y los dos puntos en la obra del maestro. Elementos esenciales para estructurar sintácticamente una idea expresada en un verso. Sin embargo, jamás se ha considerado el verdadero aporte y sentido que tienen. Las puntuaciones nos permiten acceder a lo más esencial de cada cuarteta. Su “esqueleto” por así denominarlo.

Al encontrarnos con una cuarteta lo primero que debemos hacer es comprender de qué manera se estructura lo que no sabemos. Cuando encontramos los dos puntos al final del segundo verso (usualmente), comprendemos que se trata de una cuarteta que contiene dos imágenes. Una principal y otra secundaria. Un paralelo histórico y en algunos casos,  irónico. Una imagen principal que desprende una imagen secundaria. Yo, a fin de comprenderlas a cabalidad, las he denominado cláusula (imagen principal) y paracláusula (imagen secundaria).

Esto me permite, cuando abordo una cuarteta, saber con exactitud, qué debo hallar. Tanto es así que, a partir del descubrimiento total de la cuarteta, permite corroborar y comprender la riqueza enorme de cada una de las imágenes.

También me permite una visión más definitoria en cuanto a conocer si se está planteando un paralelo histórico  o bien un paralelo irónico, como los he denominado. Un paralelo histórico asoma con elementos comúnes entre 2 contextos. Un paralelo irónico, nos plantea lo mismo pero dentro de un mismo contexto y con un tono que semeja la ironía (leer Cuarteta 57 de la I Centuria "sobre el general francés Kléber"). Y ambos tipos de paralelos ocupan la cláusula y la paracláusula.


La quinta ley es: “Nostradamus no es literal es implícito”

Nostradamus no es tonto. Sabe que si escribe París, todos leerán y comprenderán París. Si dice “Fuego” todos leerán y comprenderán “fuego”. Es decir, sabe que serán literales con él al leerlo, por ello dice “Que aquellos que lean estos versos los pesen con madura reflexión.”. Y no es de extrañar entonces que buscamos y asociamos el éxito de sus cuartetas a su exacto cumplimiento. Y esto atraviesa por la literalidad que de ellas desprendamos. Tanto es así, que la fama de Nostradamus se debe a la exactitud literal en el cumplimiento de la cuarteta XXXV de la I Centuria, donde se anuncia la muerte del rey Enrique II. Y nunca más se cumplió otra cuarteta en la que todos estuvieran de acuerdo. Obviamente, dicha cuarteta fue escrita de manera intencional por parte de Nostradamus. Pero lo que no supieron los exegetas de todos los tiempos y que ahora ustedes saben es que dicha cuarteta no tan sólo se refiere al destino de Enrique II muerto en un torneo sino también al destino de su propia descendencia. Y eso jamás se ha escrito, porque está de manera implícita. (Leer: Cuarteta XXXV de la I Centuria).

Pero, pese a esa lectura de literalidad, que sabe que se dará en su obra, le permite cumplir dos objetivos:

1) Mantener el misterio por generaciones e indefinidamente, y
2) Utilizar dicha literalidad como un recurso de defensa.

Es un recurso defensa por cuanto le permite desenmascarar justamente a quienes les advierte en su cuarteta C de la VI Centuria.

Nostradamus es implícito. Cada verso es aparente y detrás de esa apariencia subyace otro verso que es el verso real. Si escribe “fuego” no es un incendio es simplemente pasión, vehemencia, arrebato, calor, ímpetu. Si escribe “cielo”, es altura, es gloria, pero no “cielo” como lo entendemos nosotros. Si escribe sangre, es familia, raza, linaje, abolengo, pero no sangre en muchos casos. Lo aparente es lo literal y nostradamus no lo es. Lo real es lo implícito. Es lo que subyace detrás de cada concepto que se adscribe a un verso. (Leer: “Las crónicas del viajero IV: Nostradamus el implícito”).

Y tanto llega a ser su implicitud que muchas veces hasta el concepto “muerte” lo entiende implícitamente como una transformación, un cambio. Y no como muerte propiamente tal.

Y no comprender esto, permite que sean casi infinitas las interpretaciones antojadizas que asomen y de paso permite a los escépticos e ignorantes conjeturar que la obra nostradámica simplemente ha fallado en sus “predicciones” mayoritariamente o que es ambigua, dado que permite esa universalidad de conjeturas interpretativas y ese fallo generalizado.

La sexta ley: “Nostradamus emplea las rimas para establecer Antagonismos Temáticos y/o paralelos irónicos”

Al observar cada una de las cuartetas nos daremos cuenta que Nostradamus emplea la rima. El verso primero rima con el tercero y el segundo con el cuarto. Pero más allá de ser una utilización propia de la rima de la cuarteta como contexto lírico. Sepamos que Nostradamus se apoya en esas rimas como un recurso antagónico - temático. Cada palabra asonada o rimada sintetiza un antagonismo.

Ejemplo: DIURNO – NOCTURNO (De la XXVI de la I centuria).

Pero sepamos más todavía: El asociar la última palabra del primer verso a la última palabra del verso tercero, y el concepto del segundo verso con el concepto del cuarto verso, en el fondo construimos una asociación entre la cláusula y paracláusula. Cada cuarteta entonces tiene un nombre. Una denominación única. Que en definitiva diferencia a cada cuarteta. A simple vista nada nos dice, salvo cuando descubrimos lo que Nostradamus intenta decirnos. Es allí donde comprendemos la razón de ser de ese antagonismo y su esencialidad como guía temática. Este antagonismo es en sí un paralelo, una comparación.

Nostradamus en sus cuartetas, utiliza determinadas palabras o conceptos como base estructural. Podríamos decir que esas si son “claves”. Y no me refiero con ello a la anterior ley.

Dichas “claves” siempre han estado a la vista de todos en su obra. Estas claves son conceptos que se disponen de tal manera que constituyen el cuerpo de cada cuarteta y tan así es, que si leen cualquier cuarteta en su original, notarán que existen palabras o conceptos que jamás se repetirán en otra y que constituyen esas “claves”. Muchas veces esa “claves” también constituyen los elementos comunes que tiene el antagonismo temático. Ejemplo Cuarteta XXVI de la I Centuria:

Año 1939 POLONIA 
Operación Fall Weiss 
Diurno y Pestífera 
ALEMANIA – ITALIA 

(Elementos comunes) RAYO –PRESAGIO - CAE 

Año 1940 FRANCIA
Operación Dinamo
Nocturno y Postulario
INGLATERRA - FRANCIA

Una buena parte de las cuartetas tiene esa estructura. Sin embargo hay excepciones, desde el punto de vista de las puntuaciones. (Leer: “Sobre las puntuaciones nostradámicas”). Dichos antagonismos temáticos pueden dar lugar a paralelos irónicos como les he denominados, es decir, Nostradamus también, en muchos casos establece en rigor ciertos paralelos históricos, sobre dos hechos futuros que quizás no estén emparentados desde el punto de vista de la historia, pero que contienen elementos comunes en su desarrollo y que muchos de esos elemenos comunes se aprecian como "ironías del destino" por así llamarlo. Como ejemplo para que me entiendan, qué dirían ustedes si les señalo que Lincoln tenía una secretaria que se apellidaba Kennedy que le dijo que no fuera al teatro. Kennedy tenía una secretaria que se llamaba Evelyn Lincoln (su marido Harold era apodado Abe) que le advirtió de que no fuera a Dallas. Las coincidencias entre Lincoln y Kennedy son muchas más que esas, en todo caso. Mucha atención con esos paralelismos irónicos y/o antagonismos temáticos.

La séptima ley es: “Nostradamus emplea la etimología como piedra angular”

Si analizan parte de la extensa bibliografía sobre la obra nostradámica se darán cuenta de que todos los exégetas han agrupado determinados conceptos de manera errónea. Este más que centenario error, se basa en la superficialidad de los conceptos o mejor dicho en su literalidad. Así han procedido a agrupar cuartetas en torno a dos ideas básicas fundamentalmente:

1) Conceptos reales: Luna, Leopardo, Jabalí, Sol, Marte, Marsella, Marte, León, Águila, etc, y
2) Conceptos abstractos Mabus, Chelín, Selin, Pepomtam, etc.

La primera idea ha permitido crear conjuntos de cuartetas en torno al Islam, en torno al comunismo, en torno a los conflictos Ex Unión Soviética – Estado Unidos (“guerra fría”) o invasiones del Islam a Europa con tintes apocalípticos, etc. El devenir de los judíos, de los países nórdicos, de Inglaterra, de la misma Francia, de los Estados Unidos, de los países árabes, alineaciones planetarias, etc.

La segunda idea es peor aún, le otorga licencia inagotable para que los astrólogos, esotéricos y cuanto “bárbaro” desarrolle sus dotes de inventiva y mercantilismo y empapen la obra del maestro. Dando lugar a infinitas especulaciones y pésimos respaldos historiográficos. Sin embargo, esas infinitas especulaciones les permitirían asomar con muy comerciales libros, aumentando la oscura literatura sobre las Centurias y aumentando sus ganancias.

Cualquier estudio, libro, documental, etc. que base su cometido en tales agrupaciones ideológicas. Y están condenados a no tener merito alguno y a oscurecer más la obra del maestro.

Ahora bien, las “claves” o elementos comunes que mencioné en la ley anterior se desnudan etimológicamente. Es decir las comprendemos a cabalidad cuando nos preguntamos el por qué están allí. Y nos respondemos eficientemente, sólo cuando recurrimos a su origen etimológico más que semántico. En la cuarteta XXV de la I Centuria (segundo verso original) Nostradamus dice:

“Mitad Dios” (“demi Dieu”)

Todos traducimos “Dios” cuando en francés nos dicen “Dieu”, sin embargo, la etimología de dicha palabra dice que se refiere al “Sol”. La etimología de “Mitad” nos indica que es algo “partido por dos” o “medio de algo”. Por tanto podemos permitirnos cambiar dicha palabra por MEDIO

“MEDIO SOL”

Ahora sabemos que “sol” es un concepto que etimológicamente nos indica que es sol o mejor dicho que para los romanos era el que les ofrecía la luz del día. El alba, el amanecer. Todas esas apreciaciones etimológicas nos llevan al concepto ORIENTE. O donde sale o nace el sol. En pocas palabras MEDIO ORIENTE.

Entonces, MITAD DIOS es MEDIO ORIENTE

Esa es la manera más extraordinaria para encubrir. Ya que MITAD DIOS es una estructura aparente, lo que leemos y entendemos y MEDIO ORIENTE es la estructura real, lo que realmente es y comprendemos y esto nos lleva a la quinta ley: Nostradamus no es literal, es Implícito.

Conjugar estas 7 leyes permite acceder a la desnudez de cada cuarteta, pero siempre manteniendo un apego inviolable a la historia. A sus detalles, a sus escondrijos, a lo que pasa casi inadvertido. Como por ejemplo podría ser saber la hora en que los ejércitos nazis invadieron Polonia el 01 de septiembre de 1939. Nostradamus presta mucha atención a esos detalles y nada queda al azar en sus cuartetas.

La etimología nos acerca a la verdad y despeja toda duda o apreciación atractiva que nos inquiete, porque nos da el único sentido y la único significado que el maestro desea que se halle. Lo demás es simplemente basura.

O ¿ustedes creen que cuando Nostradamus dice Venus o cuando escribe Jupiter o Saturno o Sol o Marte se refiere a los planetas a determinadas alineaciones que, dicho sea de paso, siempre ocurren? Creer y pensar eso, es estúpido. Lo mismo sucede cuando se refiere al "gran rey del terror" (Cuarteta 34 de la III Centuria) ¿piensan ustedes que se refiere al anticristo o a alguna invasión extraterrestre? Simplemente Nostradamus sabe que nuestro gran terror, nuestro gran pánico es ser extinguidos como seres vivos y civilización por medio de un impacto de un meteorito. Tal como aconteció supuestamente con los dinosaurios. Ese es nuestro gran terror, el que nuestra extinción provenga del cielo mediante un impacto celeste global. Analicen ustedes mismos dicha cuarteta en su contexto y se darán cuenta.

Nostradamus nos conoce.

Sigue leyendo Las Crónicas del Viajero parte VI aquí.