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Apocalipsis Descifrado: Introducción

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EL LIBRO DE LAS REVELACIONES DESCIFRADO
INTRODUCCIÓN

Mucho se ha escrito en torno al llamado “Libro de las revelaciones”, conocido comúnmente como “Apocalipsis de San Juan” o traducido del griego a “Revelaciones de Juan”. Escritos que conforman el último libro del Nuevo Testamento y el único libro considerado profético, dada la enorme cantidad de elementos simbólicos que uno puede encontrar en sus páginas.

Históricamente, se sabe que el Apocalipsis o Revelaciones, fue escrito a finales del siglo I o principios del siglo II, cuando las persecuciones romanas contra los cristianos se hicieron más cruentas, en tiempos del emperador Domiciano (que fue César del imperio romano a fines del siglo I). Su autor se identifica a sí mismo como Juan y en condición de desterrado en la isla griega de Patmos.

La coincidencia de este nombre con el de Juan el Evangelista y el autor de otros escritos del Nuevo Testamento es en gran parte la razón por la cual se atribuye el libro de manera tradicional al apóstol San Juan (a quien se le atribuyen también el cuarto Evangelio y tres cartas: 1 Juan, 2 Juan y 3 Juan). Sin embargo en el Apocalipsis, el autor sólo menciona su nombre, sin identificarse nunca con el mismo apóstol Juan de los Evangelios, o que se trate siquiera del mismo autor de los otros escritos atribuidos al apóstol.

La mayoría de los Padres de la Iglesia primitiva, o Padres Apostólicos, como san Papías, san Hipólito, san Ireneo, san Policarpo o san Justino y otros más, afirmaban que el autor de este Libro inspirado era el propio evangelista, discípulo de Jesucristo. En el año 633 el IV Concilio de Toledo intentando despejar la duda creada recién a partir del último tramo del siglo III, cuando ya no vivía ningún discípulo que hubiese tratado o conocido al autor del Cuarto Evangelio, afirmó que el Apocalipsis era obra del Evangelista y que debía tenerse por obra divina y ciertamente canónica, fulminando la excomunión para quienes lo negasen.

De manera tal que la Iglesia Católica considera normalmente al Libro como de la autoría del Apóstol Juan, el mismo llamado Evangelista, que se trata de un libro divinamente inspirado y que forma parte de las Sagradas Escrituras que deben ser creídas con fe católica.

Para nosotros simplemente será Juan, No necesariamente el apóstol Juan.

Este libro a lo largo del tiempo, de las sociedades y de los hombres, ha sido objeto de incluso minuciosos trabajos de interpretación, sin embargo, ninguno de ellos, ha sido satisfactorio. Ni menos la propia iglesia católica ha sido capaz de tal capacidad, dada su ignorante e histórica negación de los avances científicos y culturales de los pueblos. Y su enorme influencia en los soberanos del mundo.

Basta recordar que le sucedió a Servet o que le hubiera pasado a Galileo si hubiera persistido en su nueva cosmovisión. La iglesia no permite los avances del hombre. Todavía basa su cosmovisión en la teoría creacionista. Y no es extraño entonces suponer entonces que la serpiente del paraíso, la que engañó a Eva y luego a Adán, es la gran culpable. Pero, ¿culpable de qué?

Si comprendemos bien el contexto no es tan solo la desobediencia del hombre o de la mujer o de ambos al creador, lo que está en juego en el libro del génesis es la capacidad de discernimiento, de razonar, de pensar. El conocimiento. Recordemos que el árbol donde se hallaba la serpiente es el árbol del conocimiento y de la vida. Por tanto el llamado “pecado original” no es más que la independencia del conocimiento. ¿Y qué Dios es ese que castiga por saber más o querer saber más? ¿Y qué Dios es aquel que nos quiere subyugados, sumisos, ignorantes, sin voluntad propia? A raíz de la famosa expulsión del paraíso, aparentemente por desobediencia, el hombre, éste tiene libre albedrío. Condición de elegir, no porque  ese “Dios” nos lo haya dado, sino que fue la causa directa de la desobediencia o del pecado original. La propia acción del hombre al comer del fruto prohibido obtuvo el conocimiento necesario para poder elegir. ¿Cómo se podría tener libre albedrío si se desconoce qué es el bien y qué es el mal?

La iglesia católica a través de sus nefastas redes tejidas a lo largo de los siglos ha intentado subyugar esta capacidad. No es de extrañar que quizás hayan sido capaces de poder curar científicamente las distintas pandemias que asolaron el mundo antiguo. Refugiados en monasterios y otros lugares herméticos. Existe evidencia fundada que así lo señala. Era un argumento de la iglesia en las sociedades medievales sobrecogidas e ignorantes señalar que dichos castigos eran de índole divinos. Tal era su poder que incluso manejaban los hilos de cada nación, reino o estado. Tal como era en los antiguos imperios, la clase sacerdotal pagana fue reemplazada por la clase sacerdotal cristiana. Se opusieron incluso a la edad de la iluminación y del conocimiento. Hasta el día de hoy sus intervenciones nefastas se sienten en cada sociedad.

Dado el advenimiento del cristianismo bajo Constantino y luego Teodosio de perseguidos pasaron a ser perseguidores. Ninguna religión en el mundo ha sido capaz de tantos genocidios, violaciones, atropellos a los derechos del hombre, exterminios de pueblos enteros. Los pueblos indígenas de América fueron técnicamente extinguidos o absorbidos. Quemaban su cultura y la destruían. Más allá de los que pudieran hacer los jesuitas en América, en materia de desarrollo, su ansía de poder y de imposición de cosmovisión fue categórica. Por ello fueron expulsados de las nuevas tierras. Las bóvedas bibliotecarias del Vaticano que son muchas herméticas están llenas de documentos que han sido robados, expropiados, escondidos.

El cristianismo impuso su orden mundial. Avasalló pueblos enteros. Eliminó a otros como los cataros, hizo sucumbir a los llamados Templarios. Convenció a reyes de imponer el cristianismo mediante la fuerza, Carlo Magno fue un ejemplo de ello. Intentó guerras con otras religiones bajo el pretexto de recuperar tierra santa. Murieron millones y millones de seres humanos. Coronó y destronó a reyes y gobernantes. Incluso mató más seres humanos que los propios romanos, sus antiguos perseguidores.

Y convirtió todo nuestro legado histórico greco - romano en mitología. Si hubieran impuesto sus términos los romanos, hasta el día de hoy, las verdades cristianas hubieran sido tratadas como mitología.

Detrás del cristianismo está la sumisión total y el abandono absoluto de la búsqueda de la verdad. Está la ignorancia y el que no busquemos nada y basemos todo nuestro proceder bajo el signo de la fe. Una fe que ellos manipulan y controlan.

Han perseguido y asesinado mujeres, a las que llamaban brujas, como ningún otro sicópata histórico y han negado la preponderancia de María Magdalena en el apostolado de algunos. Han impuesto el celibato. Han confeccionado sus textos sagrados de una manera subjetiva e intencional desconociendo otros textos incluso de mayor antigüedad, los llamados escritos apócrifos o del mar muerto. De tal manera que incluso han sido cautos en darle incluso un trasfondo filosófico.

Su intervención en la cuestión humana ha sido nefasta a través de los tiempos. No por nada ahora somos testigos y nos enteramos de las atrocidades violaciones a niños que muchos mal llamados sacerdotes obscenamente han practicado desde tiempos inmemoriales y que incluso esos comportamientos han sido maliciosamente defendidos de manera casi corporativa.

Por ello, debemos abordar el estudio del Apocalipsis de una manera absolutamente alejada del rigor religioso o espiritual, tomarlo de manera crítica, a la luz del conocimiento y de la pérdida de la capacidad de asombro.

La capacidad de asombro es la culpable, sin duda alguna, del grado de penetración de estas seudoverdades. Tal capacidad de asombro hace tiempo atrás permitía que les creyésemos a los sacerdotes cuando abiertamente argumentaban que una persona al convulsionarse de manera incontrolable era que estaba posesa. Ahora sabemos que esa persona sólo sufría de Epilepsia. Capacidad de asombro al presenciar un ángel o ser testigos de cuánto “milagro” asomaba. Incluso las barbaridades en contra de niños indefensos era también apoyado por ignominia de amenazar ser castigadas por Dios si no se satisfacían sus demandas sexuales.

Hasta hace muy poco su amenazas de ser excomulgados era casi pan de cada día. Y su flagrante apoyo al exterminio de los judíos bajo el holocausto.

Tampoco se trata de ofender, herir o atacar gratuitamente y de menar concertada a los católicos o cristianos o a sus iglesias, pero lo cierto es que todas las ramificaciones cristianas de algún modo están comprometidas con la violencia con la que han actuado a lo lago de la historia humana. Hasta hubo guerras entre facciones protestantes  entre sí o guerras entre católicos y protestantes. Hasta el día de hoy en Irlanda, mantienen esos conflictos. Es la historia humana que juzga.

El mismo papado se lo han disputado familias italianas, reinos poderosos. Han asesinado Papas y han puesto Papas. Ese es el Papado más allá de lo que los ojos ven a primera vista.

Por ello debemos adentrarnos en un mundo bastante cruel y sanguinario. Es indudable que para comprender las visiones de Juan debemos apartar los comentarios abiertamente sospechosos de intervención humana. Y debemos hacerlo por una simple razón. El hombre ha madurado, tiene el conocimiento suficiente para desnudar sin miedo las verdaderas palabras que hay detrás de este libro aparentemente profético.
     
El propósito de desnudar el Apocalipsis no hubiera sido posible a través de siglos pasados, dada la capacidad de asombro de las sociedades de entonces y dado el poder oscurantista a que nos han sometido la iglesia católica y todas sus ramificaciones.

Por eso odian a la serpiente u odian a Prometeo, porque nos legaron la capacidad de conocer, de buscar la verdad, más allá del bien y el mal. La capacidad que sólo el conocimiento nos da.

No es de extrañar que a medida que avanzamos en el tiempo cada vez el poder de las iglesias se debilita, porque nace y se desarrolla en la ignorancia, en la sumisión, en el no cuestionar nada. El de vivir sometidos a sus designios. Ya que más encima ellos se erigen como el nexo entre Dios y el hombre, algo que ni siquiera está sometido a votación, porque la votación o la democracia es un desarrollo abiertamente intelectual. Algo que las iglesias jamás hubieran permitido.

Por otra parte, debo consignar que no se trata de fe analizar los contenidos bíblicos. Se trata de ir observando con sentido común esos contenidos. Porque lo que estamos leyendo, muchas veces nos podemos encontrar con potenciales intervenciones por parte la Iglesia a lo largo de los siglos. Y porque son escritos que tienen casi dos mil años de antigüedad, donde la capacidad de asombro de aquellos hombres fue inmensa, y con ella su ignorancia socio – tecnológica demasiado primitiva. Por ello, no se trata de fe.

También se ha tenido a la vista varios textos bíblicos para su comparación a través de los siglos. Incluyendo, los textos del torá y su comparación con el antiguo testamento cristiano. Las fuentes consultadas son greco – romanas, arameas y suméricas. Así como muchos autores

Finalmente, debemos saber que uno de las mayores dificultades para entender un conjunto de visiones o de sueños premonitorios o proféticos es intentar coger la hebra de dicha “madeja”, es decir empezar desde cero hacia delante. Por ello, en algunos casos lo haré bajo un orden que yo mismo he diseñado.

Nuestro viaje ha empezado Nostranautas.